Camino del descanso eterno
Fisgoneo el hogar de mi descanso verdadero. Lugar donde el alma será libre como nunca, espacio donde los recuerdos estarán engullidos y paraje donde el silencio se fatigará del propio silencio.
Cuando mi muerte esté viva, nada me importará, porque yo, ya nada seré y si soy, alguien habrá para instruirme para saber estar muerto.
Ella me matará, pero quien elige la residencia de mi muerte soy yo, y me aguantará como yo la soporté sin pensar en ella mientras viví.
Grandioso misterio el de la muerte si se mira con miedo, minúsculo episodio si se afronta con entereza, refugio de los sensatos y de los desatinados, pero la verdad única es que, sin hacer ruido, pone en vilo al ser humano en vida, lo huele, lo saborea y lo traga de igual manera con una mordida suave que con una batalla sangrienta, pero lo absorbe y esa amenaza constante durante la vida se hace realidad. No sé porque nos lloran, ya que se esperaba desde que nacemos. ¡No busquéis alivio con la muerte, por favor!
Recrearse en vivo por encima de la residencia de tu muerte es un verdadero gozo, te hace fuerte, te amaina y la desprecias mientras ella no te envite al convite eterno.
Algún vivo me llevará a esa casa. Le pesaré poco, me esparcirá o me enterrará, me resulta indiferente y él se marchará a vivir ya que no le queda otro remedio y yo quedaré pescando con mi padre o guadañando con mi abuelo o tal vez escribiendo de la vida desde la muerte. ¡quién sabe!
A ver si la muerte me renueva y me deja seguir soñando.

