Muerte del cementerio del grano

Templo de los ratones, ternura familiar, las nuevas tecnologías te agonizaron y "los Anselmos" saquearon tu casa para invertir en la terrible apariencia y yo te contemplo con melancolía porque me diste vida tanto en mi casa como en la tuya.

Me apoyo en la piedra dónde mi abuelo sentaba al saco de maíz y parece que no descanso ya que mi memoria me azota cruelmente e intento reanimarte rociando mi mirada sobre ti, pero tampoco quiero que estés sano y desempleado, porque el grano también está muerto ya que "la jefa" llamó a quienes lo cuidaban y los que estamos, hablamos, pensamos y escribimos mucho pero hacemos poco, y las cosechas mueren y uno de nuestros legados más queridos también muere y yo rastreo en mi mente para buscar una realidad más profunda de lo realmente físico y de momento sinceramente no encuentro absolutamente nada, porque el enigma de la vida es tan extenso como la negrura de una noche negra.

Y ahora, que la tarde me observa de frente, me siento a la puerta de mi molino, suspiro y canto a los ratones, al abeneiro al que mi abuelo ataba el caballo, a la vida y al prado de la muerte.